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  ATM

Kinesiotaping o vendaje neuromuscular en Córdoba

Estabilidad, seguridad y alivio del dolor.

¿Imaginas que un día algo tan necesario como abrir la boca, bostezar, comer o hablar resultara doloroso o, incluso, imposible?
Pues, hasta un 50% de la población sufre un tipo de trastorno en algún grado de la ATM y cerca de un 7% de la misma sufre dolor mandibular y facial.

La ATM, articulación temporomandibular o complejo articular craneomandibular, son dos articulaciones móviles, situadas una a cada lado del rostro, que sincronizadas nos permiten abrir y cerrar la boca para bostezar, hablar, masticar, morder…

Explicado así puede parecer que su funcionamiento es simple, nada más lejos de la realidad.


La articulación temporomandibular está formada por:

  • La parte superior de la mandíbula (cóndilo).
  • La parte inferior del hueso temporal del cráneo.
  • Un disco articular que las une y que actúa como una bisagra posibilitando el movimiento.
  • Las cavidades sinoviales: unos pequeños compartimentos en forma de saco situados debajo del disco.
  • Una cápsula articular fibrosa que rodea toda la ATM.

Además en su funcionamiento intervienen ligamentos, músculos, arterias y nervios.

Al ser un sistema tan complejo e interconectado la alteración de uno de sus elementos puede tener efectos en diferentes zonas.

Gracias a la ATM realizamos tres tipos de movimiento:

  • Hacia arriba y hacia abajo (apertura y cierre).
  • Hacia delante y hacia atrás (protrusión y retrusión).
  • Hacia ambos lados o diducción (lateralidad).

Entre las piezas de los dos maxilares, aparece una dentaria (por ello también se denomina Articulación Temporomandibulodentaria), y un trastorno en cualquiera de ellas puede modificar el funcionamiento o la integridad de sus elementos.


Debe estar alerta si sufres un:

  • Bloqueo o limitación de la articulación lo que conlleva dificultad para abrir y cerrar la boca.
  • Bruxismo, es decir, apretar o rechinar los dientes.
  • Cambio en la alineación de los dientes.
  • Cefalea o dolor de cabeza.
  • Chasquidos con dolor o sensación de chirriar al mover la mandíbula.
  • Dificultad y dolor al masticar.
  • Dolor en la ATM (en una o en ambas).
  • Dolor intenso orofacial (en el oído, la cara o el cuello).
  • Dolor o rigidez en el cuello, hombros y mandíbula.
  • Espasmos musculares alrededor de la mandíbula.
  • Mareos.
  • Perturbaciones del sueño.

La presencia de estos síntomas no siempre conlleva la presencia de disfunción en la ATM, de ahí la importancia de un correcto diagnóstico.

En algunos casos los síntomas pueden desaparecer solos pero debes acudir a un especialista si persisten el dolor o la sensibilidad en la mandíbula o si no puedes abrirla o cerrarla por completo.


Algunas de las causas más comunes son:

  • Adherencias en las zonas del disco y el cóndilar o el disco y la fosa.
  • Anquilosis o pérdida de movimiento articular por una fibrosis (cicatrización), una calcificación de los ligamentos adyacentes o la fusión de los ligamentos y del hueso.
  • Artritis: Puede aparecer a consecuencia de una artrosis, artritis reumatoide (un 17% de los pacientes con esta artritis tienen afectada la ATM), artritis infecciosa o por traumatismo.
  • Bruxismo.
  • Neuritis del trigémino.
  • Parálisis faciales.
  • Desórdenes inflamatorios: pueden producir capsulitis y sinovitis en la articulación.
  • Desplazamiento del disco articular por traumatismo o erosión del mismo por desgaste.
  • Golpes o impactos en la articulación.
  • Maloclusiones, mala colocación de los dientes o tratamientos dentales (empastes, extracciones, ortodoncias, implantes, fundas…).
  • Fatiga muscular y uso excesivo, lo que lleva al síndrome de dolor miofascial.
  • Tensión emocional y estrés.
  • Trastorno de la articulación temporomandibular interna: el disco se desplaza de su posición normal porque los ligamentos que lo fijan se alargan o estiran por una lesión.
  • Hipermovilidad: se da cuando los ligamentos que sostienen la articulación se estiran demasiado por un impacto o apertura excesiva de la mandíbula. La mandíbula se desliza hacia delante, pudiendo desencajarse por completo (luxación).

En muchos casos no se sabe qué causa estos trastornos, pero estos son más comunes en las mujeres alrededor de los veinte años y a partir de los 50.

Los trastornos de la ATM provocan dolor y disfunción en los músculos y articulaciones que intervienen en el movimiento de la mandíbula y son de tres tipos:

  • Alteraciones degenerativas e inflamatorias.
  • Asimetrías internas provocadas por el desplazamiento del disco articular o dislocación de la mandíbula.
  • Dolor miofascial: se produce en los «puntos gatillo» o focos que producen dolor en más de una zona del cuerpo, en este caso en el cuello, hombros y región lumbar.



  • Comer alimentos más blandos y/o en trozos más pequeños, masticar lentamente y no abrir tanto la boca para reducir la tensión muscular y el estrés.
  • Evitar periodos prolongados de estrés psicoemocional.
  • Evitar el consumo de sustancias excitantes (café, té, chocolate o tabaco) que aumentan la tensión de la mandíbula y desencadenan dolor.
  • Eliminar costumbres como morderse las uñas o masticar chicle.
  • Evitar una amplia apertura de la mandíbula (bostezos, tratamientos dentales largos…).
  • Mantener separados los dientes superiores e inferiores estando despierto ayuda a romper el hábito de apretar o rechinar los dientes y disminuye la tensión muscular y de la ATM.
  • Seguir un comportamiento adecuado para dormir (mantener una rutina y tener un ambiente tranquilo y cómodo) reduce el dolor y acelera la recuperación.
  • Usar protectores bucales para neutralizar el bruxismo.